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Cuidar a los que cuidan

Hola,

Elegir el desnudo emocional de hoy me ha resultado muy difícil. Llevo de viaje dos semanas y media y he tenido muchas e intensas emociones.

Algo que me encanta cuando viajo es dejarme sorprender de todo lo nuevo (las personas, las situaciones, los lugares y sabores…) y permito que permeen en mí para hacerles un espacio en la memoria emocional en mi corazón y en mi cerebro.

Acabamos de despegar del aeropuerto de São Paulo para volar a casa (Ciudad de México).
Me quedan diez horas de vuelo nocturno y los asientos no parecen demasiado cómodos así que voy a aprovechar para abrir esos recuerdos emocionales y elegir uno para contártelo.

¿Cómo hago este proceso? 

Cierro los ojos y comienzo a anclarme al presente. 
Solo atiendo a mi respiración. 
Percibo ruidos de personas, un niño que comienza a llorar cerca de mí… el sonido del motor del avión se hace más presente pero yo devuelvo mi atención a la respiración.
Dejo que mis pensamientos comiencen a hacerse presente sin limitarles y sin permanecer en cada uno de ellos. Les digo «hola» y «adiós». Se empiezan a calmar poco a poco. Siento que tienen menos estrés por mostrarme cosas. 
Ahora es el momento de ser yo intencionalmente quien quiere elegir lo que observar. 
Comienzo a hacer un «scroll» como si viese Instagram de mi memoria emocional. Me detengo porque me llega el rostro del día que conocí a Marga e inmediatamente el de Jessica, Nicol, Soraya, Sergio… (el equipo de colaboradores de una de las ONG con las que trabajé: Mil Solidarios).

«Lo tengo» me digo.

Antes de salir de esta meditación emocionado porque sé de lo que te voy a hablar, espero unos minutos más porque a veces un mensaje tarda más en llegar. Y sí; había uno más. El momento de las miradas al final de esas mismas personas en la última sesión.

«Ahora sí lo tengo». Cuando hagas una meditación de observación a tus emociones y pensamientos, deja un tiempo añadido cuando pienses que ya tienes la información. Deja unos minutos más; no tengas prisa.

Abro los ojos tocado por lo que acabo de observar y te escribo.

«Los tiempos son perfectos» es la frase que aparece en mi mente. 

Cuando llegué al Bañado Sur, barrio donde se ubica el mayor vertedero de la ciudad de Asunción, pude sentir mi corazón comenzar a encogerse por el estado de abandono de las calles, sin asfaltar muchas de ellas, con barro, las personas intentaban sortear esos charcos gigantes pues había llovido mucho, con un intenso y constante olor a basura. 

Cuando Mar Humberto (coordinadora de la Cooperación Española en Paraguay y responsable de que yo estuviera en Asunción) elegimos los proyectos para darles mi formación de gestión de estrés, el primero que salió a la luz fue justo este: El proyecto de Mil Solidarios en el Bañado Sur.

Al llegar a uno de los espacios que la ONG tiene (donde proporcionan educación para jóvenes sin recursos de la zona) y dar mi primera sesión del Método del Estrés Positivo, me encontré con una pequeña y humilde sala con veinte de los educadores y administradores de la ONG, con miradas perdidas, donde se notaba que les habían pedido que asistieran medio por «obligación», al final de su jornada, agotados, después de pasar horas lidiando con los problemas de sus jóvenes alumnos (muchos de ellos papás y mamás adolescentes) que viven de recoger informalmente materiales del vertedero para después revenderlos.

Yo llegaba con el corazón encogido. Quería ofrecerles mi mejor versión. Quería mostrarles mi visión de la vida desde la calma activa y el estrés positivo. Sentí como mi propio estrés se hacía más presente porque no sabía si conectaría con este público. Se activaron mis dudas. ¿Cómo lo hago siendo un español, con un acento y palabras diferentes, sin hablar palabra de guaraní (su lengua emocional) …? 
Soraya, la directora de la ONG, me mira, con sus ojos que parecen tener un súper poder y que te hace sentir su compasión al instante y me dice: «Ángel, gracias por venir. Necesitamos muchísimo esa nueva mirada del estrés positivo del que hablas. Algunos están un poco reticentes, no te voy a mentir, pero sé que nos puedes ayudar mucho». 

Yo le-y-me dije: «Voy a dar lo mejor de mí para que así sea Soraya».

No me voy a olvidar de esos primeros instantes frente a ellos. Se iban presentando uno a uno y yo iba conectando con sus palabras, su voz, su lenguaje corporal. Les decía con mi expresión corporal «confía en mí y en el proceso que vamos a vivir juntos».

Esa primera sesión fue dura e incómoda para todos. Aunque intenté hacerla amena y leve, necesitaba tocar algunas heridas abiertas y aunque «soplaba mientras las empezaba a curar», sé que duele. 

El viaje de transformación es muy personal. Cada cual lo lleva a su tiempo. Aunque al terminar esa primera sesión vi que algunas miradas hacía mí habían cambiado (me viene a mi mente la cara de Margarita sonriendo maravillada por lo que había pasado tras esa primera meditación juntos) todavía quedaban muchas de «esto no sé si creérmelo».

Esa noche recuerdo las dudas, los miedos de hacerlo mal por mi tono o lenguaje (a veces demasiado técnico), mi autoexigencia, el querer su transformación a toda costa.

Justo antes de dormir esa noche, llegó la frase que necesitaba: »Confía en el proceso de cada uno».

Así fueron pasando las sesiones juntos. Cada dos o tres días yo volvía al Bañado Sur para verles. 

En la tercera sesión ya tenía al 60% del equipo motivado, haciéndome preguntas, explicándome como habían incorporado en su vida la información de las primeras dos sesiones. Sus miradas tenían más energía y más ilusión. Habían podido transitar por emociones complejas con más ligereza. Pero quedaban caritas de «esto no va conmigo» pero sin acritud o miedo. 
Las risas, ante mis bromas, se hacían más sonoras; auténticas.
Esa sesión 3 la adapté para abrazar el corazón de cada uno de ellos; tocando la aceptación y el auto-perdón gracias a sus situaciones estresantes. Lloramos y reímos casi por igual.

La cuarta y la quinta fueron un auténtico placer. Sus rostros de amor, de querer hablar más del estrés y la gestión emocional, los abrazos, las ganas de honrar sus vidas (como siempre les digo), de ver todo con menos cortisol y más oxitocina me llenaban el corazón; y esto compensa cualquier esfuerzo; es el mejor regalo del mundo.

«Los tiempos son perfectos». «El resultado llega al confiar» pienso.

Sergio, el profe de educación física, me confirmó que ya estaba utilizando con sus alumnos nuestras primeras meditaciones. Jessica, muy reticente al principio, me dijo que le había devuelto la ilusión y las ganas de crecer confiando en ella misma (estaba destrozando creencias). Noelia se hace presente en mi mente, una mamá entregada a sus hijos y a Mil Solidarios en cuerpo y alma, que con sus ojos llorosos en la última sesión me dice que se había dado cuenta durante el curso de lo exigente y dura que era con ella misma y con los que la rodeaban. El abrazo diciéndole que no está sola. Que ya hemos conectado y que estoy ahí para ella. Y el abrazo de Soraya; de esos de minutos, de verdad. Ella tiene un corazón gigante. 

Cada caso, de las casi vente personas que componían el grupo, fue especial para mí. Cada rostro que se transformó en esas horas juntos fue un precioso obsequio para mi memoria emocional.

Miro la hora y llevamos tres horas de vuelo. Ya solo me quedan siete más 🤦🏻‍♂️.
Estoy cansado. Quiero llegar ya para descansar pero vuelvo reconfortado, pleno, satisfecho y con mucho cariño acumulado en mis silos de amor ❤️.

Falta mucho por hacer, lo sé, pero ayudando a estos seres increíbles de Mil Solidarios, estoy también apoyando a las personas que cada día pasan por sus aulas. Siento que hice algo significativo para esas personas que tanto entregan y por sus jóvenes alumnos.

Todos ellos dedican su vida a aportar para que otros puedan mejorar su situación pero ¿quién cuida de ellos? Pues yo me sigo comprometiendo a estar ahí con ellos y con todos los que lo necesiten. Ese es mi propósito.

Gracias por leerme en mis desnudos emocionales una quincena más.

¿Cómo puedes tú cuidar a los que cuidan? Ahora soy yo el que te leo.

Con cariño,

Ángel.

PD 1: Gracias Mar por ser la promotora de todo esto, confiar en mí y por tu esfuerzo por hacer llegar recursos para que podamos vivir en un mundo más bonito. Nunca olvidaré nuestras charlas en el lago Yparacai, las aventuras por medio de Asunción, la sesión de yoga y meditación kundalini que me regalaste y nuestras risas con Mateo y Julia.

PD 2: Te dejo los perfiles de Instagram de las ONG’s y fundaciones con las que he trabajado en este viaje por si les quieres echar un vistazo. Son todas maravilla para el mundo. Ejemplos de vidas de dedicación al trabajo comunitario. Honremos sus vidas siendo, al menos, espectadores de sus logros.


Mil Solidarios: 

https://www.instagram.com/milsolidarios/

https://www.instagram.com/cateurapy/ 

Casa Diversa:

https://www.instagram.com/casadiversapy/

Fundación Princesa Diana:

https://www.instagram.com/fundacion_princesadiana/

Mar Humberto:

https://www.instagram.com/marhumbertocardoso/

Cooperación española en Paraguay:

https://www.instagram.com/aecidpy/ 

Ángel

Ángel

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