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No soy víctima de mis anhelos

Uno tiene anhelos, es decir,  deseos muy intensos y vividos (incluso somáticamente) por alguien o por algo. Esos anhelos son difíciles de controlar porque nos generan mucha tensión en el cuerpo cuando no somos capaces de satisfacerlos.

Cuando anhelamos algo o a alguien, nos convertimos en yonkis emocionales. Si se dispara la sensación de anhelo podemos empezar a hacer cualquier cosa por satisfacer el deseo. Cuando hablamos de anhelo a sentirte amado, por ejemplo, podemos comprar helado a altas horas de la madrugada para sentirnos un poco mejor después de ver una película de amor romántico o ponerte a enviar mensajes a tu ex como si mañana desapareciera el mundo (al menos eso sientes tú sin él/ella).

Eso me pasa a mí con el que fue mi último amor. Por ratitos, cuando llego a Yucatán, anhelo más intensamente de lo normal, sentir su olor corporal, el sabor de nuestros besos, sus ojitos oscuros y profundos que dicen tantas cosas sin hablar y, por supuesto, anhelo tocar su hermoso cuerpo que fue el refugio, por once meses, de mis pasiones.

Si te acabas de incorporar a mis desnudos emocionales, te recomiendo que al terminar esta newsletter, te vayas a mi BLOG y leas la primera y más antigua entrada.

Este es el link: http://vivirconangel.com/blog/

Tengo que reconocerte querido lector que ahora son pocos minutos los que siento esa sensación profunda e intensa de anhelo pero al principio no fue fácil.

La importancia del anhelo es crucial pues gracias a ella el cuerpo se moviliza para hacernos buscar desesperadamente eso que nos dio mucha dopamina pues nos encantó y nos hizo sentir muy bien. Si además, lo que anhelas, es a una persona, echamos de menos el vínculo tan fuerte que creamos (oxitocina a tope).

Repito: como yonkis buscaremos sentir esa dopamina y oxitocina que tanto extrañamos.

En mis formaciones siempre cuento que no somos nuestras emociones sino que las sentimos. Los químicos activan y desactivan órganos, músculos… lo sentimos para prepararnos para encarar aquello que nos emociona … son mensajes… son nuestros neurotransmisores. 

Ahora bien, lo que también explico es que no necesariamente tenemos que hacer algo cuando las emociones con sus químicos aparezcan. No querido lector. De hecho, recomiendo que cuando llegue una sensación fuerte de anhelo que paremos y respiremos lento y consciente. Dejando que pase. Pueden ser segundos o minutos. Intenta no anclarte a la sensación de anhelo desesperante. Cambia tu foco. Si practicas mindfulness es el perfecto momento para hacernos muy conscientes del mensaje que hay detrás de ese anhelo desde la pura observación. Por ejemplo puedes indagar qué hay detrás realmente de él/ella: ¿Anhelas a la persona o a la sensación de ser querido por alguien? ¿O a la sensación de estar hasta arriba de feniletilamina que es la que activa todas las sensaciones del enamoramiento?
Si no practicas mindfulness todavía, intenta cambiar tu foco atencional como por ejemplo nombrando objetos que veas a tu alrededor.

Ay … quimiquita pura…

Sé que este anhelo por sentir a mi ex cuando llego a Yucatán tiene que ver con mi oxitocina y dopamina recordándome el vínculo delicioso que tenía con él viviendo en esta región. Me imagino mis células pidiéndome a gritos: «Que nos des de nuevo la sensación de vínculooooooooo». Yo imagino que las miro con mucha compasión y les digo: «Os entiendo. Fue hermoso ese vínculo. Ahora con él ya no es posible pero tenemos otros vínculos disponibles que debemos honrar células hermosas. Tenemos amigos y familia con vínculos diferentes pero que son vínculos potentes y que vamos a honrar mucho. ¿Os parece?».

Ahí se relajan un poco. ¿Por cuánto tiempo?

Los anhelos de uno y los anhelos del otro. Cuidado con esto.

Cuando nosotros sentimos un anhelo y alguien nos cuenta algo que enciende nuestro anhelo, hablamos desde nuestra perspectiva (muy intoxicada por los neurotransmisores que enciende) y muy poco de la persona que tenemos enfrente.

Por ejemplo, ayer me escribió un WhatsApp un amigo que al ver en Instagram que estaba en Yucatán inmediatamente me dice:

—Ángel, ¿vas a ver a tu ex? – me pregunta de inmediato

—No amigo. Ya te dije que él me pidió que no le escribiera – le contesté

—Te voy a dar un consejo aunque no sea el más sano. Si tienes la oportunidad de volver a verlo hazlo. Por lo menos para un cierre. Te lo mereces. Yo te recomiendo que aún así le escribas. Yo haría eso sin duda. Así cierras. No soportaría estar ahí y no hablarle. Con lo que tú lo amas.

—Lo entiendo amigo. Nosotros ya hicimos el cierre. Yo prefiero respetar nuestro acuerdo y no hacerlo aunque sienta muchas ganas de verle.

—Es que los hombres mexicanos son tremendos – me espeta él.

—No creo que sea México. Todos tenemos nuestras heridas y los hombres gays tenemos muchas – le respondí 

Sin más y con esta frase zanjé la conversación porque entendía que no estaba hablando de mí sino de él y de sus problemas para gestionar sus anhelos.

Sé que mi amigo va a leer esta newsletter porque siempre puntualmente lo hace y me lo hace saber. Quiero decirle que no me lo tomé a mal. Entiendo el porqué pero prefiero gestionar mis impulsos para ser coherentes conmigo.

No quiero faltarme al respeto por causa de mis anhelos. No quiero faltar al respeto por causa de mis anhelos. Decido no hacerlo.

Espera que es mucho más poderoso hacerlo en positivo:
Yo me respeto aunque sienta anhelos. Yo respeto a los demás aunque los anhele. Decido hacer lo que es coherente con mis principios y valores.

¡Toma ya!

Si te sirve apúntalas y repítelas cada que vez que tengas un deseo ardiente e intenso que te hace mal o hace mal a otro.

Por eso lo escribo. Cuando escribes todavía refuerzas mucho más esa nueva frase poderosa. Sobre todo si es a mano.

Me recuerdo y te recuerdo que no somos esas personas que como yonkis somos víctimas y lo pasamos mal cuando anhelamos algo o alguien. No. Somos mucho más; algo más grande y poderoso. Somos seres que podemos entender qué pasa cuando anhelamos y nos recuerda lo bonito de muchas cosas e historias vividas; que podemos honrarlas dedicándoles algunos segundos pero para volver a vivir nuestro presente (que es lo único que existe) convirtiéndolo en el mejor presente que podamos. Sí; con nuestra voluntad.

Hoy comienza mi día. Anhelando a ratitos a mi ex pero permitiéndome disfrutar de todo lo que sí tengo en mi presente maravilloso: el cumpleaños de João, pasar tiempo con amigos que hace tiempo que veía, el mar esmeralda de Yucatán, los atardeceres en la playa …

Espero que este nuevo desnudo emocional en que te cuento lo que estoy sintiendo y cómo lo gestiono, te ayude a ti también. Esto es la educación socioemocional.

Feliz quincena y nos vemos en el siguiente amanecer.

¡Ah! Si quieres aprender a gestionarte mejor tienes mis cursos y los de mi socia Rebeca López los tienes en cursos.estrespositivo.com

Con cariño,

Ángel.

Ángel

Ángel

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